La verdad es que no se trata de uno de los temas más divertidos para poder hablar, pero lo cierto es que es una de las realidades que se están viendo en Hungría desde hace ya un tiempo. Sucede que los casos de xenofobia, han ido aumentando de la misma manera en la que la desocupación creció dentro del país.
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Lo cierto es que el odio irracional a los extranjeros se debe a que muchos de ellos aceptan ofertas laborales con salarios mínimos, por lo que se ha devaluado la mano de obra de los trabajadores húngaros, razón que ha llevado a la sociedad a pedir una legislación que abarque todo el mercado laboral. Más allá de lo comentado y a sabiendas de que se trata de un problema grave, nadie puede justificar ataques verbales ni físicos contra una persona por el simple hecho de ser de otro país y desde nuestro humilde lugar condenamos esas acciones.